No hace falta esperar a que una cuerda se corte para pensar en un encordado nuevo. El desgaste puede cambiar la respuesta de la raqueta: quizá la pelota sale menos consistente, cuesta generar el mismo efecto o el impacto se siente distinto. No existe una fecha universal; combiná lo que ves, lo que sentís y las horas de juego.

Revisá el centro del encordado

Después de jugar, mirá las intersecciones de las cuerdas en el centro de la raqueta, donde más impactás. Las ranuras o muescas profundas indican fricción y desgaste; si una cuerda ya está muy marcada, aumentan las chances de que se corte pronto. También observá si las cuerdas se desplazan y quedan torcidas en vez de volver a su posición. La guía de Wilson sobre frecuencia de encordado describe las muescas como una señal útil, aunque conviene leerlas junto con tu experiencia de juego.

Prestá atención a cómo responde la raqueta

Una pérdida sostenida de control, una trayectoria más imprevisible o menos sensación de efecto pueden justificar una revisión, sobre todo si no cambiaste tu técnica ni las pelotas. No atribuyas cada error a las cuerdas: el cansancio, el clima y la mecánica también influyen. Como explica la investigación de Tennis Warehouse University sobre la pérdida de tensión, las cuerdas cambian desde el encordado y los materiales no responden todos igual; por eso importa comparar la sensación actual con la que te resulta cómoda.

El material modifica el ritmo

El poliéster suele perder tensión y sensación de juego de manera distinta a un multifilamento o un nylon, y el patrón de encordado, la intensidad de los golpes y las horas en cancha también cuentan. La explicación de la USTA sobre cómo elegir cuerdas repasa las diferencias entre materiales. Si todavía estás definiendo cuál te conviene, podés complementar esta lectura con nuestra guía para elegir la cuerda según tu juego.

Usá el calendario como referencia, no como regla

La conocida recomendación de encordar tantas veces al año como veces jugás por semana sirve, como mucho, para arrancar una conversación: no contempla por sí sola el material, la intensidad ni cuánto te dura una cuerda. Si jugás dos veces por semana, anotá durante un par de meses las horas de uso, el tipo de cuerda y cuándo notás cambios; después conversá ese registro con quien te encuerda. Para probar ajustes, revisá también nuestra guía de tensión según superficie y estilo de juego, y cambiá una variable por vez.

Checklist rápido antes de pedir un encordado

  • ¿Ves muescas pronunciadas en el centro o alguna cuerda dañada?
  • ¿Las cuerdas quedan desplazadas y no vuelven a alinearse?
  • ¿Notás una respuesta distinta en varios entrenamientos, no solo en un mal día?
  • ¿Cuántas horas jugaste desde el último encordado y qué material usaste?

Si la cuerda está rota o el desgaste es evidente, pedí un encordado; si las señales son leves, consultá a tu encordador antes de cambiar tensión o material. Aprovechá para revisar el marco y los canutillos: nuestra nota sobre cuidado y mantenimiento de la raqueta te ayuda a detectar otros problemas. Si aparece dolor nuevo o persistente en el brazo o el hombro, no lo resuelvas solo cambiando cuerdas: consultá a un profesional de salud y, si corresponde, a tu entrenador.