El revés slice es un golpe cortado que viaja bajo, pica y se queda. Bien pegado, te da tiempo para recuperarte, te saca de apuros con pelotas bajas y le cambia el ritmo al rival. Mal pegado, se levanta y se transforma en un regalo. Acá vas a ver cómo ejecutarlo, qué corregir y cómo practicarlo.
Para qué sirve el slice
No es solo un golpe defensivo. Hay cuatro usos concretos en el nivel amateur:
- Ganar tiempo: cuando llegás justo, un slice profundo te deja volver al centro.
- Cambiar el ritmo: un rival que pega fuerte y alto se incomoda con una pelota baja y lenta.
- Resolver pelotas bajas: es más fácil deslizar la raqueta debajo de una bola rasante que levantarla con topspin.
- Aproximarte a la red: un slice profundo sirve de golpe de transición. Si querés profundizar, mirá cuándo subir a la red en singles.
Si jugás con revés a dos manos, el slice es una buena segunda herramienta. Lo mejor es que se pega con una sola mano y te estira un poco más el alcance.
Empuñadura: continental para controlar la cara
La mayoría de los entrenadores recomienda la empuñadura continental para el slice. Como explica Judy Dixon, la “V” entre el pulgar y el índice descansa sobre el borde del mango que queda en el mismo plano que la cara de la raqueta. Así controlás hacia dónde mira el encordado en el contacto, y eso define la altura y la dirección de la pelota.
Si todavía no tenés clara la diferencia entre empuñaduras, repasá nuestra guía de empuñaduras. Apretá el mango suave, como un 3 en una escala del 1 al 10. Una mano rígida pierde sensibilidad.
Preparación: de costado y con la raqueta arriba
En cuanto leas que la pelota viene al revés, hacé estos pasos:
- Girá hombros y cadera de modo que el hombro del lado de la raqueta apunte a la red.
- Llevá la raqueta hacia atrás y arriba, con la mano libre ayudando a sostenerla a la altura del hombro.
- Mantené el codo ligeramente flexionado y la muñeca firme, con la raqueta en una posición cercana a la de una “L”.
- Abrí un poco el cuerpo con el pie delantero apuntando hacia la pelota. La postura neutra, con un pie adelante y otro atrás, suele funcionar mejor que la abierta.
Prepararte temprano es lo que separa un slice controlado de uno apurado. Si te cuesta llegar a tiempo, trabajá el split step.
El golpe: de alto a nivel, no de alto a bajo
Este es el error número uno. Muchos jugadores creen que hay que “cortar” la pelota con un hachazo hacia abajo. Según la USTA, ese movimiento de alto a bajo suele terminar con la pelota en la red. La recomendación es una trayectoria de alto a nivel: la raqueta arranca por encima de la pelota y se desliza hacia adelante, casi paralela al piso.
Una forma simple de sentirlo: pegate a la red, ponete de costado y deslizá la raqueta sobre la cinta, empezando arriba y terminando adelante y a un costado del cuerpo. Repetilo diez veces en cámara lenta antes de pegarle a una pelota.
Tres claves para el contacto:
- Contacto adelante: idealmente a la altura de la rodilla delantera, no al lado ni detrás del cuerpo.
- Cara levemente abierta: más abierta para elevar la pelota, más cerrada para una trayectoria rasante.
- Peso hacia adelante: pasá el peso del pie de atrás al de adelante mientras avanzás hacia la pelota.
Seguimiento y equilibrio
Después del contacto, extendé el brazo hacia el objetivo y dejá que la raqueta termine adelante, sin enroscarla hacia el hombro. La mano libre va hacia atrás para equilibrarte, y el pecho se abre recién al final. Si terminás desequilibrado, probablemente apuraste la preparación o contactaste muy cerca del cuerpo.
Errores frecuentes y cómo corregirlos
- La pelota se levanta: suele pasar por una muñeca muy abierta hacia arriba o una cara demasiado abierta. Probá bajar la muñeca, según Tennis.com, con la muñeca más suave y encima del mango, y un swing paralelo al piso.
- Se clava en la red: el swing es demasiado descendente o contactás tarde. Adelantá el punto de impacto y aplanalo.
- Sale corta y sin profundidad: falta transferencia de peso. Pisá hacia la pelota.
- Pegás con el cuerpo abierto: el hombro se abre antes de tiempo y se pierde dirección. Mantené el hombro trasero atrás hasta el final.
- Querés darle potencia: el slice es un golpe de control, no de fuerza. Buscá profundidad y bajura.
Progresión de ejercicios
1. Sombra junto a la red (5 minutos)
Deslizá la raqueta sobre la cinta, de alto a nivel, a cámara lenta. Fijate que la cara no gire hacia abajo.
2. Autoalimentación (10 minutos)
Soltá la pelota y pegale de slice después del pique, apuntando al cuadro de saque contrario. Contá cuántas de diez pasan la red con margen y caen dentro. Anotá el resultado y repetí.
3. Cruzado cooperativo (10 a 15 minutos)
Con un compañero, intercambiá slices cruzados a ritmo suave. Objetivo: que la pelota pase baja, a menos de un metro sobre la red, y pique cerca de la línea de fondo. Si querés ordenar la sesión, sumá este bloque a tu rutina semanal.
4. Puntos condicionados (10 minutos)
Jugá puntos donde todos los reveses deban ser slice. Sumá un punto extra si la pelota cae detrás de la línea de saque. Así el golpe pasa del ejercicio a la situación real.
Cuándo elegir slice y cuándo topspin
No hay una regla única, pero estas pautas ayudan:
- Elegí slice con pelotas bajas, cuando llegás estirado o querés cambiar el ritmo y ganar tiempo.
- Elegí slice para aproximarte a la red con profundidad.
- Elegí topspin con pelotas altas que podés contactar cómodo, o cuando querés acelerar.
- En polvo de ladrillo, el slice pica bajo y frena, lo que suele incomodar a rivales que juegan alto. En cemento rápido, cuidado con regalar una pelota flotada.
El slice comparte el toque suave y el efecto cortado con la dejada, así que trabajar uno ayuda al otro. Y si estás armando la base del golpe, repasá el revés a una mano o el revés a dos manos.
Cuidá el codo y el hombro
El slice bien ejecutado es amable con el brazo, pero un contacto tardío o una muñeca muy tensa pueden cargar el codo. Si aparece dolor persistente en el codo, la muñeca o el hombro, bajá la carga y consultá con un entrenador o un profesional de la salud para revisar técnica y equipo.
Recordá que cada jugador lo adapta a su estilo. Probá, medí cuántos entran y ajustá una variable por vez: empuñadura, altura de la cara o punto de contacto.




